Publicado: 12 de Marzo de 2015

El consumo de tabaco es la primera causa de muerte a nivel mundial. Pero no sólo tiene efectos graves para la salud, sino que también va deteriorando lentamente nuestro cuerpo de muchas otras maneras. El deterioro físico, y especialmente el de la piel, es una de ellas.

Todos conocemos las graves consecuencias del tabaco; enfermedades cardiovasculares y respiratorias, entre ellas el cáncer de pulmón, el más mortífero de todos. Además, los estudios demuestran que los fumadores son más propensos a padecer sida, carcinoma celuloescamoso, cáncer de pene, ano, vulva y labio, entre otras afecciones.

Quizá las enfermedades graves sean las que más impacto causan en cuanto al rechazo al tabaquismo, pero no hemos de olvidar que contiene múltiples sustancias que causan un deterioro más lento, pero no por ello, menos importante:

  • Las sustancias cancerígenas que contiene el humo del tabaco, como el benzopireno, un hidrocarburo aromático policíclico.
  • En la combustión también se produce monóxido de carbono que al unirse a la hemoglobina de la sangre forma carboxihemoglobina que reduce la llegada de oxígeno a los tejidos.
  • La generación de vitamina A y otros elementos beneficiosos se ve reducida con el consumo de tabaco. Ésto produce cambios en la cantidad y calidad de colágeno y elastina, además de la disminución de fibroblastos (imprescindibles para la curación de heridas y cicatrices).

Estos impedimentos que pone el tabaco a nuestro cuerpo y sus defensas naturales, suponen secuelas físicas y estéticas que con los años se hacen más visibles. Así, los efectos del tabaco a nivel estético se transforman en:

  • Las arrugas de la piel. Está demostrado en estudios desde los años 70 que las personas fumadoras suelen tener más arrugas que las no fumadoras y el efecto se agrava cuantos más paquetes se fumen al día.Los fumadores tienen más tendencia a:
    • Tener arrugas más marcadas.
    • Aspecto demacrado de la cara con prominencia de los huesos.
    • Tono grisáceo de la piel.

En los pacientes estudiados, se observa alteración de las fibras elásticas de la piel, que se verán afectadas por la reducción de vitamina A, además de una mayor sequedad y atrofia cutánea causada por una reacción química que produce el tabaco en nuestros estrógenos. La combinación de exposición al sol y tabaco, puede agravar estas consecuencias. Pese a ello, hay que tener en cuenta que hay personas que apenas se ven afectadas por estos problemas gracias a su herencia genética.

  • Desarreglos en la cicatrización. El tiempo de cicatrización entre fumadores y no fumadores revela que el tabaco obstruye el paso de sangre por los vasos sanguíneos a causa de la nicotina y esto entorpece la curación de nuestro cuerpo. Normalmente, las cicatrices se cierran en más tiempo o de forma más deficiente, pero también está demostrado que en ocasiones el efecto del tabaco puede llevar a la muerte del tejido tras intentar cerrar una herida, lo que se llama necrosis cutánea. Hemos de recordar que antes o después de una operación, está contraindicado fumar para evitar los problemas anteriormente citados.
  • Coloración amarillenta. El cabello, las uñas y los dientes pueden volverse amarillentos con mucha facilidad en un fumador debido al alquitrán que contiene el tabaco.